INFLUENCIA DEL AMBIENTE PRENATAL
“Existe una certeza de que lo que experimentamos en nuestra vida
prenatal influencia marcadamente nuestras elecciones de vida y nuestra manera
de vivir. Por eso, debemos revisar la manera en que entendemos la importancia
de la gestación de un ser humano”, aseguró Laura Uplinger, especialista en
concepción y perinatología.
La profesional resumió algunos conceptos brindados en la oportunidad,
en relación a la importancia del momento de la gestación de un bebé para su
salud futura. “Todos nosotros fuimos concebidos y esto es algo que va muy hondo
en nosotros. Si te pregunto cuántos libros has leído sobre la concepción o
preconcepción en la vida no fueron muchos, con seguridad. Has leído libros de
gramática, periodismo, filosofía, pero no sobre algo que es tan común para
todos nosotros. Una de las razones es que hasta hace poco tiempo, en el siglo
XX, se pensaba que en el vientre materno solamente contaba la genética. Se
creía que el desarrollo del bebé dependía de la genética y del aporte de
alimento de la madre. Por eso, se cuidaba que no comiera demasiado, que no
tomara alcohol, que no se drogara”, comenzó a explicar.
Y continuó reseñando: “Al nacer empezaba la vida del bebé y la ciencia
decía que era como una tábula rasa, como una mesa todavía vacía, y empezaba la
educación. La placenta era un órgano que filtraba todo lo inconveniente,
incluso el cigarrillo y otras cosas. Los médicos pensaban que era un órgano de
protección”.
Sin embargo, advirtió que “llegó el final del siglo XX y se dieron
cuenta de que -por el contrario- la placenta era un órgano de transmisión. Si
la embarazada toma una taza de café, el bebé -que es 20 veces menor que ella-
es como si se tomara 20 cafecitos. Hay algunas moléculas grandes o virus que sí
son bloqueados por la placenta pero todos los componentes de mi humor, mis
pensamientos, mi adrenalina, pasaba muy fácilmente por la barrera placentaria”.
Y agregó: “Los expertos en genética también se dieron cuenta que lo
que es de la genética y del medio ambiente no se oponen y van de manos dadas.
Es decir, mi manera de vivir, el estado en que me encuentro, puede mejorar la
genética para el desarrollo de mi hijo o, al contrario, tengo unas
posibilidades bellísimas dentro de mi vientre por la calidad de lo que me
transmitió mi marido, mi familia. Pero mi tristeza permanente va a cambiar todo
el camino de la irrigación y la circulación por el cerebro”.
EL VIENTRE Y LOS HÁBITOS
Hoy en día -continuó la especialista-, la sociedad está viendo -aunque
sin saber bien qué hacer- que es tan importante el embarazo para la salud del
futuro adulto. Pero no basta con enseñarle a las embarazadas cómo va a ser el
parto, cómo respirar, sugerirles tener una doula con ella.
En este sentido, informó que “expertos de la Universidad de Harvard,
Massachussets, en Estados Unidos, llegaron a la conclusión de que la salud de
un individuo a los 50 años depende más de su formación en el vientre materno,
en el útero, que de cualquier tipo de hábito, como el alimento, el ejercicio o
el sueño. Éstos son hábitos importantísimos pero la primera parte de la
formación de los tejidos de nuestros órganos, a nivel embrionario, en el
bebino, como ustedes llaman al bebé intrauterino, es de suma importancia. Está
claro que el amamantamiento le va a traer una segunda parte de formación a ese
niño; ya lo dicen los alquimistas: la leche (lo blanco) viene a completar lo
que el rojo (la sangre) hizo”.
Por otra parte, Laura Uplinger agregó que “durante la charla también
hablé de la importancia de enseñar estas cuestiones a las personas que están
todavía en edad de aprender, en las escuelas, sobre la ciencia del inicio de la
vida. El amor y la sexualidad todavía no se han juntado: uno piensa que la
sexualidad es una necesidad, como el hambre y la sed o dormir, pero ¿dónde está
el amor en todo esto?; ¿cómo queda uno al ser deseado antes de ser concebido o
de venir como un accidente, como dicen, pero yo prefiero decir por sorpresa?;
¿cómo sería un mundo donde todos los niños fueran deseados y los padres vieran
la importancia de lo que están haciendo, de las libertades, de las
posibilidades?”.
En este sentido, aclaró que “una vez que yo sé lo de mi embarazo no es
el momento de leer sobre este proceso. El embarazo no es un examen, es más, lo
debería haber sabido mucho más antes de embarazarme. Mi vida la voy a vivir
como soy porque es mi manera de ser la que ha atraído este bebé hacia mí. Mi
deber como embarazada es estar del mejor modo: leyendo, estudiando mucho,
haciendo de todo, tejiendo, caminando, cantando, trabajando en lo que amo
hacer, pero siempre con placer. Pero no debo desgastar sus energías en
actividades que me vayan a estresar”.
Cuanto más estresada está una mamá embarazada -planteó-, más triste
está, y el eje central de su bebé (el cerebro, el corazón, los pulmones, y los
sistemas digestivos y reproductivo) será menos irrigado porque la tristeza
lleva la sangre a la periferia, a los miembros. El mejor regalo que le puedo
hacer a mi hijo en el vientre es darle un buen cerebro, una buena circulación
sanguínea”, sugirió.
RESPONSABILIDAD SOCIAL
Por último, Uplinger sugirió que “los gobiernos podrían gastar unos
millones de dólares haciéndoles vivir mejor la vida a las embarazadas de todas
las clases sociales, para que estén juntas gestando nuevos seres, en lugares
bellos, con arte, en cada pueblo o localidad.
Cuando uno habla de millones que una Nación podría destinar a los
embarazos se deben calcular los trillones que se están economizando en
instituciones especializadas para curar a la gente que viene con problemas de
mal formación de cerebros. Sabemos que el déficit de atención (con o son
hiperactividad) no es una molestia, una enfermedad, sino la ausencia de
circuitos que deberían haberse construido durante el embarazo”.
Por último, propuso que “como la alegría tiene la función primordial de
dar salud a todos nuestros órganos, durante el embarazo, la alegría es el
agente primordial de la buena salud. Por eso, todos los ciudadanos del planeta
tendríamos que pensar qué nos da alegría. Por ejemplo, podría ser cantar
juntos. Me pregunto cuál será el primer alcalde del mundo que diga que dos
horas a la semana las embarazadas que quieran pueden ir a ensayar canciones que
les traigan alegría, con otra gente que desee. Hay una energía especial cuando
hay muchos vientres de embarazadas juntos, hay como una conspiración que nos
llena de esperanza, algo que no se puede medir con máquinas. Es la
responsabilidad social que deberíamos tener por las embarazadas y el planeta.
Nunca la sociedad a nivel colectivo llegó a entender lo que significa un
embarazo saludable”.
Una visita ilustre
Laura Uplinger nació en Nueva York, Estados Unidos, en una familia de
padres diplomáticos brasileños. Por este motivo, cada 3 ó 4 años cambiaba de
país de residencia. A los 18 años empezó sus estudios universitarios en La Sorbona
donde se recibió de Licenciada en Psicología Experimental.
“Nunca estudié Psicología Prenatal en la universidad”, aclaró, aunque
explicó que “me fui formando a través de los años y doy clases en algunas
universidades sobre el desarrollo del psiquismo prenatal de la madre y del
padre también, en el momento de concebir”.
Dedica su vida a divulgar la importancia de revisar la forma en que
entendemos la importancia de la gestación de un ser humano. Actualmente vive en
California, Estados Unidos, pero también desarrolla actividades en Brasil y
algunos países de Europa. Trabaja en cooperación con la Asociación de
Psicología y Salud Prenatal ( APPPAH), y organiza congresos internacionales
sobre este tema, “pero no soy terapeuta”, aclaró.
